Un Nuevo Año, un Nuevo Comienzo

“Me gusta saludar por lo que empieza más que por lo que termina. Me gusta más la esperanza que la melancolía. Me gustan más los proyectos que los fracasos. Me gusta pensar que adelante hay más vida”. (Eduardo Galeano)

Siempre podremos elegir ver las cosas desde dos ángulo, por un lado, enfocándonos en todo lo malo que atravesamos o estamos viviendo y por otro refrescando el espíritu de una forma propositiva. Es mi reflexión desde Conexión Digital y a la luz de la cita del periodista y escritor uruguayo, justo cuando está comenzando un nuevo año y muchos hacemos planes, diseñamos proyectos o simplemente deseamos mejores situaciones de las que estamos viviendo.

Desafortunadamente muchas personas arrancan esta nueva oportunidad sin muchas ganas, sin planes o a lo que salga, tal vez por experiencias negativas y amargas que les dejó episodios de un año que acaba de terminar y la verdad sería indolente si les dijera que actuaran como si nada hubiese pasado, varios atravesaron por instantes realmente fuertes y complejos.

Experimentar hechos dolorosos como la pérdida de algún conocido, vecino, amigos o familiares, como los que vivimos en el contexto de la pandemia, del cual no podemos sustraernos, no hay lugar dudas a que fue difícil, muy difícil. Queda por delante decidir quedarnos quietos mirando atrás, repetir constantemente en nuestras mentes, conversaciones y acciones esos hechos o hacernos camino hacia senderos que nos ayudarán a llegar a sitios y momentos más apacibles y reconfortantes.

Para qué?, y no el Por qué?, son las preguntas que debemos plantearnos siempre que pasamos por etapas inquietantes. De esta forma, podemos cambiar el enfoque de la situación y hacer cosas productivas respecto a lo que queremos lograr en el futuro y no concentrarnos sólo en las consecuencias de los problemas.

Aceptar nuestra nueva realidad es el primer paso y esa es una cuestión de decisión, claro, no significa huir ni dejar de hacerles el luto correspondiente a las cosas que se nos escaparon de la mano. Enfrentar las adversidades con dignidad, con todo lo que ellas conllevan, hace que asimilemos de mejor forma las cosas y pensemos en mejores soluciones.

Luego debemos identificar qué queremos para nuestra vida en corto, mediano y largo plazo. Así podremos trazarnos metas reales y ejecutables que nos acercarán a tener una mejor vida y a sentirnos bien con nosotros mismos. Suele suceder que fatalizamos de forma extrema los problemas que nos pasan y se nos crea una nube en la cabeza que no nos permite ver de forma clara y concisa el entorno. Por eso es importante que aterricemos las ideas y logremos separar lo que estamos sintiendo con lo que realmente eso significa.

La vida cambia y que no podemos detener el paso de los años, es difícil asimilarlo o nos resistimos a hacerlo. Lo positivo es que siempre hay una oportunidad para replantear nuestra vida y poner las situaciones en contra, a nuestro favor. El año está comenzando y tenemos por delante más días en nuestro calendario; estamos a tiempo de rehacernos y de tomar lo que es nuestro y está a una decisión de lograrlo.

El amor puede llegar de nuevo, la prosperidad también; incluso nuevas experiencias laborales podrían estar a punto de tocar en nuestras puertas. Lo importante es que no nos flagelemos más de lo que las situaciones nos producen; es mejor enfocar nuestra energía, tiempo y trabajo hacia lo que tanto anhelamos.

Si llegamos a una etapa de nuestra vida en la cual hemos sentido que hay cosas difíciles de lograr, recordemos que los seres humanos vemos esa realidad como queremos y no como realmente es. Insisto en que lo primero que debemos hacer es aceptar que nuestra vida ha cambiado.

Es difícil hacer todo lo que quisiéramos, pero la verdad es que sí podemos hacer muchas cosas que nos gustan y que pueden encaminar nuestra vida hacia un mejor futuro. Analicemos y enumeremos cuáles cosas nos falta hacer en la vida, reales y ejecutables, y lancémonos a realizarlas con lo que tengamos a la mano. Si se trata de metas que evidentemente no están nuestro alcance debemos descartarlas, ya que pueden hacernos perder tiempo y energía.

La ansiedad es una trampa que viene marcada de un afán por tener el control, y la forma más acertada para combatirla es precisamente aceptando que no podemos hacer todo lo que queremos; pero sí podemos asimilar lo que tenemos a nuestro alcance y lo que podemos lograr con ello, que aunque no lo creamos pueden ser cosas maravillosas.

La vida nos tiene preparadas muchas cosas que ni siquiera nos imaginamos, y la más importante de ellas es la de ser felices. ¡Jamás olvidemos ese gran derecho!. Sé que vendrán bendiciones para todos, aún nos falta mucho por vivir. Un abrazo! (Jorge Luis Cabrera Velázquez, Director)

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